De mil colores te imaginé. Con alegría, luz y mucho brillo te invoqué. Pasaron oscuras noches, tenebrosos días, complicadas emociones. Entre tormentas y castigos de mil colores te volví a imaginar.
Con fervor y pasión ciega te hice venir y llegaste. Sin alboroto ni algarabía, casi mágico, el momento fue perfecto. Un arcoíris en mi vida apareció para llenarla de lo que yo quería: luz, brillo y alegría. Se acabó la oscuridad, la tristeza y la desolación; en cambio claridad, vida y paz a mí llegó. El arcoíris que invoqué con sus múltiples colores por fin a mi vida encontró.



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