Adoro mi presencia, mi respiración y mi andar. El sonido de mi soledad retumba de alegría dentro de mí. No te escucho, no te siento. En soledad me gusta estar y solo permito el murmurar de las paredes, el susurro del vacío, la tranquilidad de la oscuridad.
Tu ausencia me llena, me complace, me apacigua, me inspira y me hace volar. En soledad soy yo, sin ataduras, desperfectos ni reclamos. Lo que quiero, lo que soy y lo que espero lo consigo en soledad. Más allá difícilmente puedo estar porque la soledad es mi mundo y mi lugar.



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