Si existe algún fenómeno del ser humano que por más que se intenta entender no se puede explicar del todo, ese es el amor. Quizá por su complejidad, profundidad o influencia en las actividades del ser humano, su conceptualización, medición, estudio y entendimiento se ha complicado ya que no es un elemento que sea fácilmente medible o cuantificable.

Pero esto no significa que la ciencia no haya conseguido una forma de estudiarlo y poder así elaborar una conclusión, por lo menos convincente: el amor no es más que un instinto desarrollado por el hombre, un estado evolucionado de un primitivo instinto de supervivencia que buscaba que la especie se mantuviera unida para poder sobrevivir.
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