De pronto me sentí feliz, sin notarlo, casi sin sentirlo, algo diferente hay en mí. La razón eres tú. De un salto pasaste a ser mi alegría. La fuerza necesaria para vivir, el alimento de mi espíritu, el retumbe de los latidos de mi corazón.

Me acompañas, me engrandeces, me estimas y me amas. Agradezco tu presencia porque es sinónimo de mi alegría. Ante ti me siento fuerte, inmenso, invencible, pareces irreal. No es un sueño, aunque vaya o venga, camine o me detenga, rápido o lento, lleno o vacío; nada lo cambia, tú eres mi alegría.



Deja un comentario