Cuántas noches soñé contigo, en tu rostro, tu mirada, sonrisa. Esa voz tan dulce y melodiosa procuraba una sensación de alivio. Te imaginaba perfecta. Mucho antes de conocerme ya me consolabas, pensabas en mí, me querías. Imaginarte bella y radiante me hacía dormir feliz.
Y llegó el día. Cuando te vi sabía quién eras, te reconocí. Tu voz aún más dulce y vivaz me enamoró, me enloqueció. Eras más hermosa que en mis sueños. Cuando te vi algo extraño se movió dentro de mí, fue mi corazón, porque desde entonces y hasta ahora solo somos tú y yo.



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