Algo oprimía mi alma, apretaba el corazón. Casi sin aliento desperté, igual sin aliento me acosté. No recuerdo si reí o qué, solo sentía esa opresión. Enfermedad pensé, pero no hay dolor, la incertidumbre me embargó.
Algo me dominaba, era más fuerte que yo. Ya no lo quiero, me dije, qué hago con esta presión. De pronto, casi al borde de la desesperación el llanto apareció, sin límites ni freno, como un río desbordado hasta el suelo llegó.
Fue mágico, la calma de pronto me invadió. El llanto sanador me curó y la opresión desapareció. El llanto fue mi salvador.



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