Fue un día cualquiera cuando te conocí. Tus gestos, tu mirada, la forma que hablabas me hizo sentir que algo en mi despertó, algo en mi se movió. En mi estómago, en mis sueños, en mi andar, en mi vida, lo supe entonces y lo sé ahora, la dicha tocó mi corazón.
Flores, pájaros, estrellas y burbujas se posaron sobre mí y escuché la risa, los niños, la gente, la vida, era la dicha lo sé, estaba aquí. No me negué, me entregué, me dejé llevar, igual solo quería ser feliz. Te conocía cualquier día, desde entonces mi dicha eres tú.



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