¿No has sentido que unos pocos minutos junto a alguien que amas o admiras se convierten en momentos infinitos? El tiempo conspira a tu favor.



Como ese abrazo infinito entre madre e hijo, como ese viento suave en la cara una tarde de verano, como el suave susurro de las hojas al danzar sobre el viento, como lo infinito del universo, así son, tan mágicos como efímeros.
Si ya viviste un momento infinito ¡anda!, ¡cuéntalo!, ¡siéntelo!, ¡vívelo! Vuelve a revivirlo en tus recuerdos. Si no ha llegado tu momento infinito, ten calma, no lo esperes, cuando éste llegue no necesitará mayores presentaciones: ya sabrás que se trata de uno.


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